
Se cerró la noche, se apagó la Luna, las estrellas se hundieron en un abismo negro. No se ven farolas en las calles, ya no hay luces que iluminen este mundo porque ninguna luz puede competir con su mirada.
Ya no hay sombras, los contornos se disuelven, los colores se desvanecen porque nada es más bello que su imagen, esa imagen que derrite mis pupilas.
Los coches no circulan, los bares han cerrado, las olas del mar que nos contempla se han apagado rendidas a la melodía de sus palabras; música que guía mis sueños.
Es su sonrisa la que me hace sonreír, es el simple tacto de su piel el que hace que mi alma salga alegre de las tinieblas para no volver jamás.
Es aquel momento en el que la conocí, el instante en el que la besé y me hizo suspirar, el que espero que al morir mil años viva en mi cabeza.
1 comentario:
Increíble... me emocionas con tus palabras. Un beso muy grande!
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